Argumento de autoridad...

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Como todos saben, Mozart es uno de los músicos más celebres de todos los tiempos. Su legado sigue siendo inquietante, y resulta totalmente estimulante desentrañar los oscuros caminos de su construcción musical. No obstante, nunca escribió un tratado de cómo se debe hacer música y mucho menos, dejó pautas exactas para alcanzar un nivel adecuado de desarrollo.

Pero eso es obvio y todos lo sabemos. Mozart era un artista que amaba su trabajo y muy a pesar de las dificultades que vivió, su entrega y pasión son deslumbrantes. Está claro que si se hubiera propuesto escribir un tratado de música, se habría convertido en un argumento de autoridad. La pregunta es: ¿Por qué? Es decir, no se puede dudar que como experto en la composición y ejecución musical, alcanzaría celebridad entre los críticos musicales, y por supuesto, con la solvencia de su trayectoria dejaría mudo a cualquiera que intentara contradecirlo sin haberlo superado primero, pero... ¿a qué se debe este fenómeno? ¿Por qué la incansable insistencia de creer en un grado de verdad?

Es atrevido de mi parte creer que poseo las respuestas. De hecho, mis dudas son las que me hacen escribir estas líneas. La cuestión es que ningún pensamiento puede ser reducido al criterio del maestro, independientemente tenga razón o no. Si lo pensamos bien, Mozart optó por un camino que por supuesto acertó, pero que no por eso es el único. Hay muchas formas de abordar el área de conocimiento (en este caso, la música), y muchas ideas que todavía no han sido exploradas. Ese es el punto.

Mario Vargas Llosa nos podría brindar ideas sobre mil y un formas de novelar, pero eso no quiere decir que sean las únicas y que no existan más. Él —en todo caso— nos facilitaría el camino, pero tan solo para que nosotros buscáramos el nuestro... (y tan aliendados estamos con este principio, que casi es inevitable que caiga en el error de incurrir a un popular argumento de autoridad: «pararse en los hombros del maestro...»).

Por supuesto que no creer en los maestros es algo distinto. Una cosa es buscar alternativas, y otra cosa es ignorar a quienes han ahondado en su perspectiva. No se trata de una especie de "anarquismo en estado puro" (tan peligrosa expresión en estos tiempos), sino de evitar la religiosidad de las ideas. Siempre se puede poner en tela de juicio cualquier aspecto de la condición humana, puesto que continuamos construyéndonos con el paso de los siglos.

Se pueden plantear otras grandes preguntas. O responder a las que ya tenemos... o... ¿decir que Mozart no era músico? No deseo morir a temprana edad, aunque sería interesante cargar con la culpa de crear razones para que otros se cuestionen el mundo. Quizá en el fondo no se puede renunciar a ese principio... el principio de autoridad que nos persigue desde tiempos inmemoriables. Pero... ¿Debemos conformarnos con las maravillas del maestro? ¿No podemos buscar las alternativas para superarlo? Cerrarse a que un genio nace cada cien años es una forma de hegemonía intelectual. Aunque esa idea supongo que es una falacia argumentativa, susceptible de acusar...

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